Sobre la séptima proclama que omitió el Director




En Medellín, a los ocho días del mes de julio de dos mil dieciséis, con el fin de rendir versión libre y espontánea, sin apremio, ni juramentos, ni abogados, declararé de manera clara y precisa las preguntas y respuestas que sobre este Proceso me embargan. A la cuestión de mis Generalidades de Ley baste saber que soy Alonso Quesada, simple y llano instructor, mayor de edad y natural de Colombia, que conociendo los motivos por los cuales me encuentro rindiendo esta declaración, hago un relato claro y conciso de los hechos que me atañen.

El pasado martes 21 de junio se celebró con gran pompa los 59 años de fundación del SENA con Presidente, Ministra y Director por protagonistas y con aprendices de reparto. La escena no podía ser más oportuna para hacer proselitismo al Proceso, pues todos saben del importante papel que suele jugar el SENA en estos certámenes. Fue entonces cuando con postura solemne y tono altisonante el Director promulgó "Las seis proclamas del SENA". Confieso que quedé conturbado. Por el contrario el orador se notó orgulloso, acaso impresionado de su propia elocuencia. Pero cuando unos días después quiso confirmar el impacto del discurso entre su corte, parece que no tomaron buena nota de su testamento y es así como ahora se ha tomado la tarea de ir por todo el país para verificar que todos se hayan aprendido de memoria sus anuncios.
  
Si me preguntan qué opinión merecen estos hechos, respondo con espontaneidad y sin mucha preparación que los tres primeros enunciados rayan con la añoranza y los demás con la fantasía. No por eso estas ilusiones merecen el desprecio, pero valga señalar la falta de perfección de la colección porque a quien se le ocurre anunciar tan sólo seis proclamas si en asuntos de tal trascendencia el seis no existe. No es preciso conocer a Pitágoras, todo el que ha escuchado a Lisandro Mesa sabe que el siete es una cifra mágica, completa. El siete es un número tan sagrado que de no ser por la séptima papeleta no tendríamos Nueva Constitución. Lo que más incomoda  a mi empeño simbólico es lo obtuso e incompleto de las proclamas, por eso abogo a que se enuncie la Séptima Proclama, la que dé perfecta realidad a las seis fantasías que la preceden.

Insistirán en preguntarme cuál es la Séptima Proclama que omitió el Director, respondo con el mismo tono conjugando el enunciado en futuro de la primera personal del plural: "Aumentaremos la planta de personal del SENA, porque para embarcarnos al futuro por otros 59 años, sólo lo lograremos con una tripulación con sentido de pertenencia y bien recompensada". En este momento el personal de planta es otra especie en vía de extinción. Los contratistas son tan pasajeros como los aprendices, se bajan en cualquier puerto o los tiran en alta mar. Sin planta de personal, sin una verdadera tripulación, esta embarcación encallará en islas extrañas, o se hundirá en profundas aguas internacionales o se perderá en horizontes desconocidos.


Así como Moisés después de haber quebrado las primeras tablas de La Ley volvió a subir para reescribirlas, las "Las Siete Proclamas" sobre el futuro del SENA podrían quedar perfectamente así:

  1. El SENA no se va a privatizar.
  2. No reduciremos los recursos del SENA.
  3. Seguiremos siendo parte del sector económico.
  4. Modernizaremos el SENA con tecnología.
  5. Vamos a profundizar nuestra presencia internacional.
  6. Técnicos y Tecnólogos podrán acceder a especializaciones y maestrías.
  7. Aumentaremos la planta de personal del SENA.


Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No. Y que cuando tenga otro motivo que merezca mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.