Sobre el desminado del campo
En Medellín, a los 29 días del mes de julio de 2016, con el fin de rendir versión libre y espontánea, sin apremio, ni juramentos, ni abogados, declararé de manera clara y precisa las preguntas y respuestas que sobre este Proceso me embargan. A la cuestión de mis Generalidades de Ley baste saber que soy Alonso Quesada, simple y llano instructor, mayor de edad y natural de Colombia, que conociendo los motivos por los cuales me encuentro rindiendo esta declaración, hago un relato claro y conciso de los hechos que me atañen.
El 7 de marzo de 2005 el Gobierno y las FARC acordaron el desminado humanitario de los campos en la vereda El Orejón, municipio de Briceño Antioquia, "donde hay más explosivos que personas"; un batallón del Ejército y miembros de las FARC trabajarán en el proceso de limpieza para frenar la lista de más de 11.000 víctimas. El 15 de febrero de 2016 el director general del SENA firmó un "Pacto de Integridad y Transparencia" ante la Procuraduría General de la Nación y la Secretaria de Transparencia de la Presidencia, e invitó a los directores regionales y subdirectores de centros de formación a comprometerse a cumplir con 6 obligaciones para luchar contra la corrupción.
A la pregunta obligada de qué relación tiene una noticia con la otra, valga resaltar que ambos son buenos propósitos para terminar con formas cobardes y despreciables de hacer la guerra y de administrar lo público, formas que a lo largo y a lo ancho de sus campos de acción siempre han cobrado una misma víctima: la población indefensa. Y aunque es una perogrullada habrá que decir que la guerrilla reconoce que ha ejecutado el acto infame de sembrar minas antipersonas y que en el SENA se cometen actos de corrupción, en consecuencia los lideres que firman estos acuerdos y obligaciones reconocen su responsabilidad en esas censurables prácticas.
Nadie me preguntará qué sentido tienen esas ceremonias porque todos sabemos que sus protagonistas gustan más del protocolo y la solemnidad que de cumplir promesas con sinceridad. Basta que pase algún tiempo para que se revele la farsa. Pero es bien particular la hipocresía del Pacto de Integridad y Transparencia que proclaman los directivos del SENA, pues ellos estiman la corrupción como una amenaza en el futuro y no consideran que es un hecho que ellos mismos perpetúan. No quieren advertir que en su campo laboral ya están sembradas las minas que siguen ocasionando el temor en los empleados contratistas, el terror de perder sus empleos si no cumplen "otras obligaciones" no explícitas en el contrato. Esas minas someten las personas al mutismo, los vuelve cómplices de esos vejámenes, y cuando el valor y la honestidad no consiente el sometimiento los obliga al desplazamiento, al despido, al desprecio, mutilan su estabilidad que conlleva acaso al derrumbe de la persona o de su familia. Habitualmente asociamos la corrupción con cifras monetarias, pero el daño humano y social es incalculable. Esos protocolos de solemnidad me hacen acordar lo que decía un Señor por ahí, tras esos hermosos "sepulcros blanqueados se hayan huesos de muertos y podredumbre".
Si me preguntan que opinión tengo de un equipo conformado por un soldado experto en desactivar minas y un guerrillero que sabe donde están sembradas, respondo que es la manera mas sensata de unir contradictores para hacer efectiva la tarea y dar un parte de confianza de que se elimina el peligro. El "Pacto de Integridad y Transparencia" debiera implementar esta metodología que se aplica en los campos de El Orejón. Si real y ciertamente quieren erradicar la corrupción de los campos laborales del SENA en todos los centros de formación del país, sin duda que la Secretaría de Transparencia debería invitar a los contradictores de la administración del SENA, a los sindicatos, quienes no solo tienen el valor de denunciar si no que conocen exactamente las coordenadas de esas minas, sus nombres propios, las circunstancias precisas para eliminar esa peligrosa, cobarde y devastadora forma de corrupción.
Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No. Y que cuando tenga otro motivo que merezca mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.
Sobre la hipocresia y la sinceridad para pedir un Si
En Medellín, a los veintidós días del mes de julio de dos mil dieciséis, con el fin de rendir versión libre y espontánea, sin apremio, ni juramentos, ni abogados, declararé de manera clara y precisa las preguntas y respuestas que sobre este Proceso me embargan. A la cuestión de mis Generalidades de Ley baste saber que soy Alonso Quesada, simple y llano instructor, mayor de edad y natural de Colombia, que conociendo los motivos por los cuales me encuentro rindiendo esta declaración, hago un relato claro y conciso de los hechos que me atañen.
El martes 2 de julio, como parte de las jornadas de inducción, los nuevos aprendices de los Centros de Formación del Área Metropolitana de Medellín se convocaron en las canchas del Complejo Norte en torno a una improvisada tarima donde se amenizaba con "Actividades culturales y diversión" en tanto llegara el Director General para arengar sobre las maravillas de la institución más querida del país y lo bonito de hacer parte de esta familia. Con camisetas y viseras blancas, con bombas y palomas de papel, también blancas, y con coro de subdirectores, el Director pretendió animar a los escépticos muchachos a que hicieran votos por la paz de Colombia lanzando las bombas cual plegarias al cielo; pero ellos buscaban la sombra donde evadir el inclemente sol. El viernes 15 de julio, en marcha carnavalesca y multicultural desfilaron por las calles de Medellín, desde el parque de las luces al parque de los deseos, movimientos y organizaciones sociales, culturales y políticas bajo la consigna: "El Sí está de fiesta". Con danzas y chirimías, con canciones y consignas, con banderas y carteles, hombres y mujeres, campesinos y obreros, jóvenes de variadas pintas y semblantes en representación de la población rural de Antioquia, clamaban por la Paz esperando la solidaridad del ciudadano de a pié para con esa otra Colombia que ha padecido la violencia del Paramilitarismo, de las Guerrillas y las Bandas Criminales.
A la pregunta de por qué una misma aspiración, la de la paz, parece no tener el mismo sentido en estas dos situaciones que presento como hechos que me atañen, respondo que pueden ser tan diferentes como el día de Marte lo es al día de Venus, como la guerra lo es al amor. Y es que en una convocatoria oportunista, como la del día martes, en la que con un discurso tan insustancial, hecho más con adjetivos para encubrir engaños y falsas promesas que de argumentos de esperanza para apostarle a la paz. No en vano la respuesta de indiferencia de los jóvenes a esa retórica de prismas sin espesor que profesan esos dirigentes, y su comité de aplausos, que saben tan poco del sentimiento popular y subestiman su inteligencia. Otra cosa es la convicción auténtica, nacida de la dura experiencia y la reflexión, de quienes emprenden el camino desde el campo y los pueblos para recorrer las calles de la gran ciudad para cantar, bailar y gritar a sus habitantes, pueblo de dura cerviz, a que comprendan que, más allá de los documentos que firmen o no unas personalidades, la paz la construye la gente, con su presencia, con sus gestos, con sus actos de solidaridad y amor.
Aunque no se me pregunte debo decir que el acto que montó el Director y los Subdirectores de Centro me produce indignación y vergüenza. En cuanto al sentimiento que me produjo las personas que hacían fiesta por "el Sí", no pude evitar verlos como una marcha de sobrevivientes que vuelven de la guerra a quienes los habitantes de la ciudad, espectadores pasivos de esa tragedia, debíamos recibir en calle de honor con aplausos y abrazos.
Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No. Y que cuando tenga otro motivo que merezca mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.
Sobre el cese de hostilidades
(Si ya leyó la anterior declaración puede obviar la lectura de este primer párrafo)
En Medellín, a los quince días del mes de julio de dos mil dieciséis, con el fin de rendir versión libre y espontánea, sin apremio, ni juramentos, ni abogados, declararé de manera clara y precisa las preguntas y respuestas que sobre este Proceso me embargan. A la cuestión de mis Generalidades de Ley baste saber que soy Alonso Quesada, simple y llano instructor, mayor de edad y natural de Colombia, que conociendo los motivos por los cuales me encuentro rindiendo esta declaración, hago un relato claro y conciso de los hechos que me atañen.
El pasado jueves 23 de junio se firmó el acuerdo de "Cese al fuego y de hostilidades bilateral" entre las delegaciones del Gobierno Nacional y las Farc. El Lunes 11 de julio siguiente es elegido un nuevo Fiscal, quien declara consolidar una política integral contra la violencia intrafamiliar. Entre esas dos fechas, lo que no reportaron las noticias y menos aun advirtieron los analistas de conflictos, fue cometido un acto de hostilidad consuetudinario por parte de un directivo SENA contra un instructor, y todo con la perversa sutileza que se viene ejerciendo este tipo de violencia, dejando a tal punto sumido a la víctima en un deterioro de su confianza que ahora se debate entre un mórbido estigma y conflictivas relaciones familiares. El hecho ocurrió tan rápido que podría juzgarse espontáneo, pero era de tal premeditación que sólo se explica por una profunda e histórica animadversión. El instructor se paseaba por casualidad por los corredores de su centro de formación cuando de pronto se topa con este directivo a quien, en su hábito de cortesía y buen trato, se dispone a saludar como suele hacer de forma pareja con colegas y aprendices; pero por respuesta recibe el mismo trato de indiferencia que se otorga al vacío.
A la pregunta de si considero este hecho como un acto de hostilidad, respondo que la denominación técnica es mobbing y que a esta táctica de atentado moral en particular se le llama "ningunear": el victimario se propone excluir a quien pretenda participar en su gestión con criterios constructivos tratándolo como un ser invisible, para infravalorarlo y bloquearlo, inculcando finalmente un sentido de temor y culpa que no permita levantar si quiera los ojos ante su autoridad y poder así tomar tranquilamente decisiones arbitrarias y de beneficio propio.
Si el interrogador no comprende bien la relación que tienen los dos hechos fechados en el segundo párrafo con el caso que expongo, debo responder que el cese de hostilidades entre el Gobierno y las Farc sólo hacen referencia a la punta del iceberg de muchos años de violencia armada, pero valga señalar que ha sido más profunda y perniciosa la violencia moral que han cometido las clases dirigentes contra el pueblo colombiano y que ha desencadenado en violencia familiar que hoy es tema de especial atención por parte de las autoridades pues llega a niveles tan graves como para que un Fiscal tome por prioridad de su gestión. Si queremos instaurar una paz verdadera y duradera pedimos a estos dirigentes que cesen sus hostilidades, que depongan sus máscaras, que desmonten su farsa, que desarticulen su cuadrilla de favoritos, que actúen con sinceridad y que den un trato digno y ecuánime a cada persona bajo su dirección. En particular se hace este llamado a los dirigentes y subdirigentes del SENA para con los instructores, quienes vienen cumpliendo un papel decisivo en la construcción de paz, formando a sus aprendices en la dignidad y la justicia, asuntos que sólo pueden enseñar cuando los reflejan en su misma vida cuando es digna y justa.
Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No. Y que cuando tenga otro motivo que merezca mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.
Sobre la séptima proclama que omitió el Director
En Medellín, a los ocho días del mes de julio de dos mil dieciséis, con el fin de rendir versión libre y espontánea, sin apremio, ni juramentos, ni abogados, declararé de manera clara y precisa las preguntas y respuestas que sobre este Proceso me embargan. A la cuestión de mis Generalidades de Ley baste saber que soy Alonso Quesada, simple y llano instructor, mayor de edad y natural de Colombia, que conociendo los motivos por los cuales me encuentro rindiendo esta declaración, hago un relato claro y conciso de los hechos que me atañen.
El pasado martes 21 de junio se celebró con gran pompa los 59 años de fundación del SENA con Presidente, Ministra y Director por protagonistas y con aprendices de reparto. La escena no podía ser más oportuna para hacer proselitismo al Proceso, pues todos saben del importante papel que suele jugar el SENA en estos certámenes. Fue entonces cuando con postura solemne y tono altisonante el Director promulgó "Las seis proclamas del SENA". Confieso que quedé conturbado. Por el contrario el orador se notó orgulloso, acaso impresionado de su propia elocuencia. Pero cuando unos días después quiso confirmar el impacto del discurso entre su corte, parece que no tomaron buena nota de su testamento y es así como ahora se ha tomado la tarea de ir por todo el país para verificar que todos se hayan aprendido de memoria sus anuncios.
Si me preguntan qué opinión merecen estos hechos, respondo con espontaneidad y sin mucha preparación que los tres primeros enunciados rayan con la añoranza y los demás con la fantasía. No por eso estas ilusiones merecen el desprecio, pero valga señalar la falta de perfección de la colección porque a quien se le ocurre anunciar tan sólo seis proclamas si en asuntos de tal trascendencia el seis no existe. No es preciso conocer a Pitágoras, todo el que ha escuchado a Lisandro Mesa sabe que el siete es una cifra mágica, completa. El siete es un número tan sagrado que de no ser por la séptima papeleta no tendríamos Nueva Constitución. Lo que más incomoda a mi empeño simbólico es lo obtuso e incompleto de las proclamas, por eso abogo a que se enuncie la Séptima Proclama, la que dé perfecta realidad a las seis fantasías que la preceden.
Insistirán en preguntarme cuál es la Séptima Proclama que omitió el Director, respondo con el mismo tono conjugando el enunciado en futuro de la primera personal del plural: "Aumentaremos la planta de personal del SENA, porque para embarcarnos al futuro por otros 59 años, sólo lo lograremos con una tripulación con sentido de pertenencia y bien recompensada". En este momento el personal de planta es otra especie en vía de extinción. Los contratistas son tan pasajeros como los aprendices, se bajan en cualquier puerto o los tiran en alta mar. Sin planta de personal, sin una verdadera tripulación, esta embarcación encallará en islas extrañas, o se hundirá en profundas aguas internacionales o se perderá en horizontes desconocidos.
Así como Moisés después de haber quebrado las primeras tablas de La Ley volvió a subir para reescribirlas, las "Las Siete Proclamas" sobre el futuro del SENA podrían quedar perfectamente así:
Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No. Y que cuando tenga otro motivo que merezca mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.
Insistirán en preguntarme cuál es la Séptima Proclama que omitió el Director, respondo con el mismo tono conjugando el enunciado en futuro de la primera personal del plural: "Aumentaremos la planta de personal del SENA, porque para embarcarnos al futuro por otros 59 años, sólo lo lograremos con una tripulación con sentido de pertenencia y bien recompensada". En este momento el personal de planta es otra especie en vía de extinción. Los contratistas son tan pasajeros como los aprendices, se bajan en cualquier puerto o los tiran en alta mar. Sin planta de personal, sin una verdadera tripulación, esta embarcación encallará en islas extrañas, o se hundirá en profundas aguas internacionales o se perderá en horizontes desconocidos.
Así como Moisés después de haber quebrado las primeras tablas de La Ley volvió a subir para reescribirlas, las "Las Siete Proclamas" sobre el futuro del SENA podrían quedar perfectamente así:
- El SENA no se va a privatizar.
- No reduciremos los recursos del SENA.
- Seguiremos siendo parte del sector económico.
- Modernizaremos el SENA con tecnología.
- Vamos a profundizar nuestra presencia internacional.
- Técnicos y Tecnólogos podrán acceder a especializaciones y maestrías.
- Aumentaremos la planta de personal del SENA.
Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No. Y que cuando tenga otro motivo que merezca mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.
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