Sobre la hipocresia y la sinceridad para pedir un Si
En Medellín, a los veintidós días del mes de julio de dos mil dieciséis, con el fin de rendir versión libre y espontánea, sin apremio, ni juramentos, ni abogados, declararé de manera clara y precisa las preguntas y respuestas que sobre este Proceso me embargan. A la cuestión de mis Generalidades de Ley baste saber que soy Alonso Quesada, simple y llano instructor, mayor de edad y natural de Colombia, que conociendo los motivos por los cuales me encuentro rindiendo esta declaración, hago un relato claro y conciso de los hechos que me atañen.
El martes 2 de julio, como parte de las jornadas de inducción, los nuevos aprendices de los Centros de Formación del Área Metropolitana de Medellín se convocaron en las canchas del Complejo Norte en torno a una improvisada tarima donde se amenizaba con "Actividades culturales y diversión" en tanto llegara el Director General para arengar sobre las maravillas de la institución más querida del país y lo bonito de hacer parte de esta familia. Con camisetas y viseras blancas, con bombas y palomas de papel, también blancas, y con coro de subdirectores, el Director pretendió animar a los escépticos muchachos a que hicieran votos por la paz de Colombia lanzando las bombas cual plegarias al cielo; pero ellos buscaban la sombra donde evadir el inclemente sol. El viernes 15 de julio, en marcha carnavalesca y multicultural desfilaron por las calles de Medellín, desde el parque de las luces al parque de los deseos, movimientos y organizaciones sociales, culturales y políticas bajo la consigna: "El Sí está de fiesta". Con danzas y chirimías, con canciones y consignas, con banderas y carteles, hombres y mujeres, campesinos y obreros, jóvenes de variadas pintas y semblantes en representación de la población rural de Antioquia, clamaban por la Paz esperando la solidaridad del ciudadano de a pié para con esa otra Colombia que ha padecido la violencia del Paramilitarismo, de las Guerrillas y las Bandas Criminales.
A la pregunta de por qué una misma aspiración, la de la paz, parece no tener el mismo sentido en estas dos situaciones que presento como hechos que me atañen, respondo que pueden ser tan diferentes como el día de Marte lo es al día de Venus, como la guerra lo es al amor. Y es que en una convocatoria oportunista, como la del día martes, en la que con un discurso tan insustancial, hecho más con adjetivos para encubrir engaños y falsas promesas que de argumentos de esperanza para apostarle a la paz. No en vano la respuesta de indiferencia de los jóvenes a esa retórica de prismas sin espesor que profesan esos dirigentes, y su comité de aplausos, que saben tan poco del sentimiento popular y subestiman su inteligencia. Otra cosa es la convicción auténtica, nacida de la dura experiencia y la reflexión, de quienes emprenden el camino desde el campo y los pueblos para recorrer las calles de la gran ciudad para cantar, bailar y gritar a sus habitantes, pueblo de dura cerviz, a que comprendan que, más allá de los documentos que firmen o no unas personalidades, la paz la construye la gente, con su presencia, con sus gestos, con sus actos de solidaridad y amor.
Aunque no se me pregunte debo decir que el acto que montó el Director y los Subdirectores de Centro me produce indignación y vergüenza. En cuanto al sentimiento que me produjo las personas que hacían fiesta por "el Sí", no pude evitar verlos como una marcha de sobrevivientes que vuelven de la guerra a quienes los habitantes de la ciudad, espectadores pasivos de esa tragedia, debíamos recibir en calle de honor con aplausos y abrazos.
Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No. Y que cuando tenga otro motivo que merezca mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.