En Medellín, a los 19 días del mes de agosto de 2016, (si ya conoce hasta el cansancio este párrafo pude saltar al segundo, pero mi deber es recitarlo como parte del protocolo de la declaración) con el fin de rendir versión libre y espontánea, sin apremio, ni juramentos, ni abogados, declararé de manera clara y precisa las preguntas y respuestas que sobre este Proceso me embargan. A la cuestión de mis Generalidades de Ley baste saber que soy Alonso Quesada, simple y llano instructor, mayor de edad y natural de Colombia, que conociendo los motivos por los cuales me encuentro rindiendo esta declaración, hago un relato claro y conciso de los hechos que me atañen.
El 4 de julio de 1991 se promulgó la Constitución Política de Colombia, en cuyo texto se destacan los conceptos de "Estado social de derecho", se reemplaza la "democracia representativa" por "democracia participativa", se elimina el "estado de sitio", se crea la "acción de tutela" y el "derecho de petición". El Artículo 41 expresa: "En todas las instituciones de
educación, oficiales o privadas, serán obligatorios
el estudio de la Constitución y la Instrucción Cívica.
Asimismo se fomentarán prácticas democráticas
para el aprendizaje de los principios y valores de
la participación ciudadana. El Estado divulgará la
Constitución." El 25 de julio de 2016, como resultado de un acuerdo entre las Centrales Obreras y el Gobierno, Sindesena presenta el Módulo de formación: "Ejercicio de los Derechos Fundamentales del
Trabajo", con el propósito de que todos los
trabajadores colombianos empiecen a adquirir elementos que le permitan
protegerlos y defenderlos. Se espera implementar la propuesta en los programas de Formación Titulada del SENA a partir de enero de 2017.
La pregunta que orientará las situaciones del párrafo anterior es si considero la sociedad como un Juego, a lo que afirmo que es un Juego peligroso y agrego que pone en riesgo la vida misma, con sus atributos de libre, digna y justa. Así reza la Constitución, que es reglamento de ese Juego. Debo advertir que ya estamos inmersos en la partida, que la división de equipos está hecha y que no se habrá de descansar, es decir alcanzar la paz, hasta cuando se haya jugado el todo por el todo. Por eso antes de dar unas pautas de entrenamiento básico para ejercer el papel de Persona en toda su integridad y de Pueblo en toda su dimensión, habrá que hacer unas recomendaciones de entrada en cuanto al Reglamento de juego y reconocimiento del adversario.
Ahora me preguntarán cuál es el objetivo del Juego, pues simple: el "deber ser" de la convivencia social que la Constitución consagrar como principios y derechos fundamentos. Y puesto que a ese "deber ser", a esas aspiraciones ideales, se habrán de oponer los adversarios, es donde nace la partida, la confrontación, el combate, el duelo, la lucha o la pelea, como cada cual lo quiera llamar según sus circunstancias de modo, lugar y tiempo. Quizá la analogía con las competencias deportivas sirva de metáfora, y así como el pimpón puede inspirar una mesa de discusión para responder los ataques con argumentos certeros y precisos, sin jamas ceder a las argucias del rival, porque cediendo se pierde. O si el debate se torna muy agresivo valga buscar ejemplo en las técnicas de esgrima y cuando embista el tirador, descubrir su guardia baja para dar estocada a su juicio falaz. Pero en el Juego que nos ocupa no suelen aplicar las nobles virtudes deportivas y es conveniente saber que por lo contrario son los vicios y el juego sucio los que suelen investir al rival y que conviene prepararse para enfrentarlo con sus trampas, ases bajo la manga, golpes bajos y cualquier tipo de violaciones a la Regla que le sean necesarias para siempre ganar.
Si preguntan para qué competir si la partida es tan desigual habré de responder que lo que debe animar y dar sentido a un verdadero Jugador es la lucha misma y no el triunfo, que no es más que vanidad. Recuérdese que el romántico abriga la esperanza de persuadir al rival y para eso le regala libros. De todas maneras en muestra de caballerosidad se debe confiar que el adversario se sujetará al Reglamento, para lo cual se hará especial atención al Capítulo 4 sobre los mecanismos de protección y aplicación de los derechos. Por eso lo primero que nos obliga es el conocimiento de esas Reglas a conciencia y profundidad, y esta tarea exige perseverancia, como todo plan de entrenamiento. Valga observar que a la clase dominante, al adversario le conviene mucho nuestro desconocimiento del Reglamento, porque así pueden jugar a su provecho y arbitrio. Basta tener en cuenta que en 25 años de Constitución el artículo 41 se golea y Sindesena apenas ahora logra hacer un descuento para el Pueblo a ese vergonzoso marcador.
Todos nos preguntamos cómo en un deficiente (por no llamar perverso) sistema de educación, que no incorpora en sus planes de estudio didácticas como el ajedrez y la lucha, se estudiará la Constitución con espíritu participativo. No podemos esperar que un curso de 48 horas podrá preparar con idoneidad a las personas para el duro combate que plantea el enemigo. Este es apenas un curso rápido de defensa personal del que se espera al menos reducir el número de victimas a las que diariamente somete el enemigo con sus atropellos, agravios, y violencia. Y como buena parte del éxito de este corto curso de entrenamiento dependerá de la calidad del instructor que la imparta, será necesario otra declaración para hablar sobre los aspectos claves de su perfil y su método.
Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No, pero sobre otros asuntos relacionados: Sí. Y puesto que tengo más motivos que merecen mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.
Sobre terminar la guerra y replantear la lucha
En Medellín, a los 12 días del mes de agosto de 2016, con el fin de rendir versión libre y espontánea, sin apremio, ni juramentos, ni abogados, declararé de manera clara y precisa las preguntas y respuestas que sobre este Proceso me embargan. A la cuestión de mis Generalidades de Ley baste saber que soy Alonso Quesada, simple y llano instructor, mayor de edad y natural de Colombia, que conociendo los motivos por los cuales me encuentro rindiendo esta declaración, hago un relato claro y conciso de los hechos que me atañen.
El martes 3 de febrero de 2009, el entonces presidente Álvaro Uribe acusó a los periodistas Hallman Morris y Jorge Enrique Botero de que se escudaban "en su condición de periodistas para ser permisivos cómplices del terrorismo". El 8 de octubre de 2014, ante la Fiscalía el senador Uribe ratifica las acusaciones contra Morris y Canal Capital como "medio servil del terrorismo". El 25 de septiembre de 2014 Morris radica ante la Corte Suprema de Justicia una demanda contra Álvaro Uribe por injuria y calumnia. El 29 de julio de 2016 Uribe, ante la Sala Penal de dicha Corte, rectifica sus acusaciones al periodista y los trabajadores del Canal Capital. Morris acepta el texto de rectificación y le regala a Uribe el libro "El factor humano" de John Carlin.
Antes de poder responder la pregunta sobre la sinceridad de este acto, se me viene a la memoria la expresión de un escritor francés que divide la humanidad entre idiotas y románticos. No puedo evitar relacionar a Uribe y Morris como modelos de esos perfiles humanos: los primeros viven ensimismados en un mundillo de temores y prejuicios que les impide ver al otro como su prójimo, los segundos en cambio consideran que los primeros tienen derecho a ser como son, incluso con la posibilidad de superar esa idiotez y por eso regalan libros. No hay en este término una connotación despectiva, no se si sea un hecho biológico o psicológico, entiendo que puede ser congénita o adquirida y no es exclusiva de una clase social pues no discrimina raza, género, credo o profesión; y así un idiota tranquilamente puede ser un colega o, con dolor en el alma, hasta un hermano. Pero si se quiere una división menos apasionada se puede decir, en el concepto político, que la humanidad se divide entre liberales y socialistas: Los primeros individualistas y los segundos colectivistas; unos abogan por la propiedad privada y los otros por el bien publico; para unos la prioridad es el mercado y fundan corporaciones financieras en tanto los otros se defienden en cooperativas de trabajo asociados. Para no agotar las definiciones baste mirar la vida y obra de los dos personajes que nos ocupan.
En cuanto a la sinceridad del acto debo precisar que antes que nada obedeció a una obligación judicial que a un gesto inmotivado de buena voluntad. Si por la sabiduría de un magistrado se propició el diálogo y la reconciliación, no debe pensarse que se hace la paz. No se puede ser tan ingenuo como aquella rana de la fábula, que ante la solicitud del escorpión para que le ayudase a cruzar el río prometiendo no hacerle ningún daño, accede subiéndole a sus espaldas, pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana quien pregunta incrédula: "¿cómo es que has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos", ante lo que el escorpión responde: "no he tenido elección, es mi naturaleza". Es así como después de un "diálogo" civilizado y un propósito de "reconciliación" no se puede creer que la naturaleza del liberal vaya a dejar de afanarse por su individualismo, su propiedad y su mercado y por eso el socialista no se puede confiar porque ese individualismo del liberal lo perjudica, esa propiedad lo empobrece y ese mercado lo idiotiza. Es por esto que si votamos para que se termine la guerra, el conflicto social no se acaba; si deseamos que los combatientes depongan las armas, no dejarán los idiotas de tender sus trampas y es aquí cuando hay que depurar mejor la forma de lucha civilizada.
Después de esos tres párrafos puedo responder a qué viene esta declaración con relación a esta institución de formación profesional integral. Hay que reconocer que esos idiotas nos llevan una gran ventaja, pues tienen a su servicio una sofisticada estrategia de dominio hecha de sofismas, quimeras, tentaciones y sobornos. Mejor dicho ellos juegan al ajedrez del poder político y social (enrocándose en puestos de gobierno y jaqueando la oposición), mientras la mayoría de los románticos van, como piezas del parqués, buscando salir de la "Cárcel" para correr y salvar la vida, de "Seguro" en "Seguro". Para superar esta ignorancia del juego político presentamos al ajedrecista Morris, como modelo del romántico socialista que se ha preparado con inteligencia y sagacidad para enfrentar a los temible y astutos liberales. Y para resolver las preguntas de cómo los románticos común y corrientes podemos prepararnos en este tipo de lucha, cómo aprender los movimientos básicos del ajedrez socio político, será necesario otra sesión puesto que no pretendo abusar del tiempo y la atención del romántico lector.
Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No, pero sobre otros asuntos relacionados: Sí. Y puesto que tengo más motivos que merecen mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.
El martes 3 de febrero de 2009, el entonces presidente Álvaro Uribe acusó a los periodistas Hallman Morris y Jorge Enrique Botero de que se escudaban "en su condición de periodistas para ser permisivos cómplices del terrorismo". El 8 de octubre de 2014, ante la Fiscalía el senador Uribe ratifica las acusaciones contra Morris y Canal Capital como "medio servil del terrorismo". El 25 de septiembre de 2014 Morris radica ante la Corte Suprema de Justicia una demanda contra Álvaro Uribe por injuria y calumnia. El 29 de julio de 2016 Uribe, ante la Sala Penal de dicha Corte, rectifica sus acusaciones al periodista y los trabajadores del Canal Capital. Morris acepta el texto de rectificación y le regala a Uribe el libro "El factor humano" de John Carlin.
Antes de poder responder la pregunta sobre la sinceridad de este acto, se me viene a la memoria la expresión de un escritor francés que divide la humanidad entre idiotas y románticos. No puedo evitar relacionar a Uribe y Morris como modelos de esos perfiles humanos: los primeros viven ensimismados en un mundillo de temores y prejuicios que les impide ver al otro como su prójimo, los segundos en cambio consideran que los primeros tienen derecho a ser como son, incluso con la posibilidad de superar esa idiotez y por eso regalan libros. No hay en este término una connotación despectiva, no se si sea un hecho biológico o psicológico, entiendo que puede ser congénita o adquirida y no es exclusiva de una clase social pues no discrimina raza, género, credo o profesión; y así un idiota tranquilamente puede ser un colega o, con dolor en el alma, hasta un hermano. Pero si se quiere una división menos apasionada se puede decir, en el concepto político, que la humanidad se divide entre liberales y socialistas: Los primeros individualistas y los segundos colectivistas; unos abogan por la propiedad privada y los otros por el bien publico; para unos la prioridad es el mercado y fundan corporaciones financieras en tanto los otros se defienden en cooperativas de trabajo asociados. Para no agotar las definiciones baste mirar la vida y obra de los dos personajes que nos ocupan.
En cuanto a la sinceridad del acto debo precisar que antes que nada obedeció a una obligación judicial que a un gesto inmotivado de buena voluntad. Si por la sabiduría de un magistrado se propició el diálogo y la reconciliación, no debe pensarse que se hace la paz. No se puede ser tan ingenuo como aquella rana de la fábula, que ante la solicitud del escorpión para que le ayudase a cruzar el río prometiendo no hacerle ningún daño, accede subiéndole a sus espaldas, pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana quien pregunta incrédula: "¿cómo es que has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos", ante lo que el escorpión responde: "no he tenido elección, es mi naturaleza". Es así como después de un "diálogo" civilizado y un propósito de "reconciliación" no se puede creer que la naturaleza del liberal vaya a dejar de afanarse por su individualismo, su propiedad y su mercado y por eso el socialista no se puede confiar porque ese individualismo del liberal lo perjudica, esa propiedad lo empobrece y ese mercado lo idiotiza. Es por esto que si votamos para que se termine la guerra, el conflicto social no se acaba; si deseamos que los combatientes depongan las armas, no dejarán los idiotas de tender sus trampas y es aquí cuando hay que depurar mejor la forma de lucha civilizada.
Después de esos tres párrafos puedo responder a qué viene esta declaración con relación a esta institución de formación profesional integral. Hay que reconocer que esos idiotas nos llevan una gran ventaja, pues tienen a su servicio una sofisticada estrategia de dominio hecha de sofismas, quimeras, tentaciones y sobornos. Mejor dicho ellos juegan al ajedrez del poder político y social (enrocándose en puestos de gobierno y jaqueando la oposición), mientras la mayoría de los románticos van, como piezas del parqués, buscando salir de la "Cárcel" para correr y salvar la vida, de "Seguro" en "Seguro". Para superar esta ignorancia del juego político presentamos al ajedrecista Morris, como modelo del romántico socialista que se ha preparado con inteligencia y sagacidad para enfrentar a los temible y astutos liberales. Y para resolver las preguntas de cómo los románticos común y corrientes podemos prepararnos en este tipo de lucha, cómo aprender los movimientos básicos del ajedrez socio político, será necesario otra sesión puesto que no pretendo abusar del tiempo y la atención del romántico lector.
Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No, pero sobre otros asuntos relacionados: Sí. Y puesto que tengo más motivos que merecen mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.
Sobre vigilar, juzgar y dominar
En Medellín, a los 5 días del mes de agosto de 2016, con el fin de rendir versión libre y espontánea, sin apremio, ni juramentos, ni abogados, declararé de manera clara y precisa las preguntas y respuestas que sobre este Proceso me embargan. A la cuestión de mis Generalidades de Ley baste saber que soy Alonso Quesada, simple y llano instructor, mayor de edad y natural de Colombia, que conociendo los motivos por los cuales me encuentro rindiendo esta declaración, hago un relato claro y conciso de los hechos que me atañen.
El 22 de septiembre de 2015 un juez de control de garantías emitió medida de aseguramiento en contra del "director espiritual" de la campaña de Óscar Iván Zuluaga. La Fiscalía le imputó cargos de espionaje, acceso abusivo a sistemas informáticos, uso de software malicioso con el fin de crear una plan de desprestigio en las redes sociales y medios de comunicación contra las negociaciones de paz y el presidente Juan Manuel Santos. El 25 de julio de 2016 el sindicato de Sindesena denuncia que en el Área de formación "Cadena de Automatización" del Centro Tecnológico de la Manufactura Avanzada CTMA, se aplican medidas de vigilancia y control a los instructores con supuestos "fines pedagógicos". Los juicios de valor sobre la presentación personal, la cultura, la amabilidad, el compromiso y la responsabilidad del instructor, así como los controles biométricos de entrada y salida a los talleres, expuestos en la picota pública, atentan contra la honra, el buen nombre y la dignidad humana. A estos dos casos habrá que agregar dos datos: El exdirector del SENA huyó del país y la cartelera de "Cultura A" fue retirada de los muros del CTMA.
No es por ingenuidad que alguien se pregunte: "qué hay de malo en todo eso?", es que la estupidez se viene generalizando a cuenta de sofismas altruistas que encubren sucias intenciones. Para los casos que tratamos funciona así: El asesor de la campaña presidencial se hace llamar "director espiritual", concepto decoroso con el que orientará a sus compañeros a tener un tono de "respeto" hacia la "dignidad" de los demás. De otro lado la "Cultura A", con sus juicios de valor, pretenden promover un modelo de instructor que termina descalificando a quienes no se ajusten a él. Estos discursos encuentran terreno abonado en la ignorancia de las libertades fundamentales, a tal punto que se aceptan condicionamientos arbitrarios con tal naturalidad que no da espacio a la sospecha ni al cuestionamiento. Por eso la expresión con que inicio este párrafo es usada habitualmente no como pregunta sino como afirmación: "pues qué hay de malo en eso!"; y es que hay gente con tan profundo sentimiento de esclavitud que no cree en la libertad propia ni ajena.
Bajo estas dos premisas, la de un discurso solapado y una ignorancia ramplona, es que se da pie para que se cometan, con descaro y sin vergüenza, en plan organizado y en aumento exponencial, esos y más atropellos contra la dignidad y la libertad. (¿Y si esto hacen con los instructores, que tienen la misión de formar con integridad, qué habrá de esperarse de los aprendices hechos a imagen y semejanza?). Esta pesadilla social ya la había imaginado un escritor inglés hace más de 60 años, pero me asombra con qué docilidad se ha aprobado la vigilancia del "Gran Hermano" controlando, por ejemplo, la entrada y salida de un puesto de trabajo, "la Policía del Pensamiento" configurando su instructor ideal, y la "Neolengua" que denomina cultura lo que de hecho es denigrar. Pero esta situación no puede desalentar a quienes se empeñan por un Proceso transformador de la sociedad, aunque esa maquinaria perversa se mueva bajo el consentimiento de muchos, la conciencia social habrá de prevalecer. Ya sea en mediáticos escenarios políticos o en los inmediatos escenarios laborales las denuncias esclarecedores harán huir a los sofistas y callar los sofismas; y si no, en qué escondrijo está el "director espiritual" y en qué mudez la cartelera de la "Cultura A".
La incapacidad de ciertos líderes para manejar, con buen trato personal, acciones de comunicación, cooperación y creación, los ha llevado, con una actitud facilista y cobarde, a deformar esas acciones por las de vigilar, juzgar y dominar.
Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No. Y que cuando tenga otro motivo que merezca mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.
El 22 de septiembre de 2015 un juez de control de garantías emitió medida de aseguramiento en contra del "director espiritual" de la campaña de Óscar Iván Zuluaga. La Fiscalía le imputó cargos de espionaje, acceso abusivo a sistemas informáticos, uso de software malicioso con el fin de crear una plan de desprestigio en las redes sociales y medios de comunicación contra las negociaciones de paz y el presidente Juan Manuel Santos. El 25 de julio de 2016 el sindicato de Sindesena denuncia que en el Área de formación "Cadena de Automatización" del Centro Tecnológico de la Manufactura Avanzada CTMA, se aplican medidas de vigilancia y control a los instructores con supuestos "fines pedagógicos". Los juicios de valor sobre la presentación personal, la cultura, la amabilidad, el compromiso y la responsabilidad del instructor, así como los controles biométricos de entrada y salida a los talleres, expuestos en la picota pública, atentan contra la honra, el buen nombre y la dignidad humana. A estos dos casos habrá que agregar dos datos: El exdirector del SENA huyó del país y la cartelera de "Cultura A" fue retirada de los muros del CTMA.
No es por ingenuidad que alguien se pregunte: "qué hay de malo en todo eso?", es que la estupidez se viene generalizando a cuenta de sofismas altruistas que encubren sucias intenciones. Para los casos que tratamos funciona así: El asesor de la campaña presidencial se hace llamar "director espiritual", concepto decoroso con el que orientará a sus compañeros a tener un tono de "respeto" hacia la "dignidad" de los demás. De otro lado la "Cultura A", con sus juicios de valor, pretenden promover un modelo de instructor que termina descalificando a quienes no se ajusten a él. Estos discursos encuentran terreno abonado en la ignorancia de las libertades fundamentales, a tal punto que se aceptan condicionamientos arbitrarios con tal naturalidad que no da espacio a la sospecha ni al cuestionamiento. Por eso la expresión con que inicio este párrafo es usada habitualmente no como pregunta sino como afirmación: "pues qué hay de malo en eso!"; y es que hay gente con tan profundo sentimiento de esclavitud que no cree en la libertad propia ni ajena.
Bajo estas dos premisas, la de un discurso solapado y una ignorancia ramplona, es que se da pie para que se cometan, con descaro y sin vergüenza, en plan organizado y en aumento exponencial, esos y más atropellos contra la dignidad y la libertad. (¿Y si esto hacen con los instructores, que tienen la misión de formar con integridad, qué habrá de esperarse de los aprendices hechos a imagen y semejanza?). Esta pesadilla social ya la había imaginado un escritor inglés hace más de 60 años, pero me asombra con qué docilidad se ha aprobado la vigilancia del "Gran Hermano" controlando, por ejemplo, la entrada y salida de un puesto de trabajo, "la Policía del Pensamiento" configurando su instructor ideal, y la "Neolengua" que denomina cultura lo que de hecho es denigrar. Pero esta situación no puede desalentar a quienes se empeñan por un Proceso transformador de la sociedad, aunque esa maquinaria perversa se mueva bajo el consentimiento de muchos, la conciencia social habrá de prevalecer. Ya sea en mediáticos escenarios políticos o en los inmediatos escenarios laborales las denuncias esclarecedores harán huir a los sofistas y callar los sofismas; y si no, en qué escondrijo está el "director espiritual" y en qué mudez la cartelera de la "Cultura A".
La incapacidad de ciertos líderes para manejar, con buen trato personal, acciones de comunicación, cooperación y creación, los ha llevado, con una actitud facilista y cobarde, a deformar esas acciones por las de vigilar, juzgar y dominar.
Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No. Y que cuando tenga otro motivo que merezca mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.
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