Sobre vigilar, juzgar y dominar

En Medellín, a los 5 días del mes de agosto de 2016, con el fin de rendir versión libre y espontánea, sin apremio, ni juramentos, ni abogados, declararé de manera clara y precisa las preguntas y respuestas que sobre este Proceso me embargan. A la cuestión de mis Generalidades de Ley baste saber que soy Alonso Quesadasimple y llano instructor, mayor de edad y natural de Colombia, que conociendo los motivos por los cuales me encuentro rindiendo esta declaración, hago un relato claro y conciso de los hechos que me atañen.

El 22 de septiembre de 2015 un juez de control de garantías emitió medida de aseguramiento en contra del "director espiritual" de la campaña de Óscar Iván Zuluaga. La Fiscalía le imputó cargos de espionaje, acceso abusivo a sistemas informáticos, uso de software malicioso con el fin de crear una plan de desprestigio en las redes sociales y medios de comunicación contra las negociaciones de paz y el presidente Juan Manuel Santos. El 25 de julio de 2016 el sindicato de Sindesena denuncia que en el Área de formación "Cadena de Automatización" del Centro Tecnológico de la Manufactura Avanzada CTMA, se aplican medidas de vigilancia y control a los instructores con supuestos "fines pedagógicos". Los juicios de valor sobre la presentación personal, la cultura, la amabilidad, el compromiso y la responsabilidad del instructor, así como los controles biométricos de entrada y salida a los talleres, expuestos en la picota pública, atentan contra la honra, el buen nombre y la dignidad humana. A estos dos casos habrá que agregar dos datos: El exdirector del SENA huyó del país y la cartelera de "Cultura A" fue retirada de los muros del CTMA.

No es por ingenuidad que alguien se pregunte: "qué hay de malo en todo eso?", es que la estupidez se viene generalizando a cuenta de sofismas altruistas que encubren sucias intenciones. Para los casos que tratamos funciona así: El asesor de la campaña presidencial se hace llamar "director espiritual", concepto decoroso con el que orientará a sus compañeros a tener un tono de "respeto" hacia la "dignidad" de los demás. De otro lado la "Cultura A", con sus juicios de valor, pretenden promover un modelo de instructor que termina descalificando a quienes no se ajusten a él. Estos discursos encuentran terreno abonado en la ignorancia de las libertades fundamentales, a tal punto que se aceptan condicionamientos arbitrarios con tal naturalidad que no da espacio a la sospecha ni al cuestionamiento. Por eso la expresión con que inicio este párrafo es usada habitualmente no como pregunta sino como afirmación: "pues qué hay de malo en eso!"; y es que hay gente con tan profundo sentimiento de esclavitud que no cree en la libertad propia ni ajena.

Bajo estas dos premisas, la de un discurso solapado y una ignorancia ramplona, es que se da pie para que se cometan, con descaro y sin vergüenza, en plan organizado y en aumento exponencial, esos y más atropellos contra la dignidad y la libertad. (¿Y si esto hacen con los instructores, que tienen la misión de formar con integridad, qué habrá de esperarse de los aprendices hechos a imagen y semejanza?). Esta pesadilla social ya la había imaginado un escritor inglés hace más de 60 años, pero me asombra con qué docilidad se ha aprobado la vigilancia del "Gran Hermano" controlando, por ejemplo, la entrada y salida de un puesto de trabajo, "la Policía del Pensamiento" configurando su instructor ideal, y la "Neolengua" que denomina cultura lo que de hecho es denigrar.  Pero esta situación no puede desalentar a quienes se empeñan por un Proceso transformador de la sociedad, aunque esa maquinaria perversa se mueva bajo el consentimiento de muchos, la conciencia social habrá de prevalecer. Ya sea en mediáticos escenarios políticos o en los inmediatos escenarios laborales las denuncias esclarecedores harán huir a los sofistas y callar los sofismas; y si no, en qué escondrijo está el "director espiritual" y en qué mudez la cartelera de la "Cultura A". 

La incapacidad de ciertos líderes para manejar, con buen trato personal, acciones de comunicación, cooperación y creación, los ha llevado, con una actitud facilista y cobarde, a deformar esas acciones por las de vigilar, juzgar y dominar.  
  
Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No. Y que cuando tenga otro motivo que merezca mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.