Sobre terminar la guerra y replantear la lucha

En Medellín, a los 12 días del mes de agosto de 2016, con el fin de rendir versión libre y espontánea, sin apremio, ni juramentos, ni abogados, declararé de manera clara y precisa las preguntas y respuestas que sobre este Proceso me embargan. A la cuestión de mis Generalidades de Ley baste saber que soy Alonso Quesadasimple y llano instructor, mayor de edad y natural de Colombia, que conociendo los motivos por los cuales me encuentro rindiendo esta declaración, hago un relato claro y conciso de los hechos que me atañen.

El martes 3 de febrero de 2009, el entonces presidente Álvaro Uribe acusó a los periodistas Hallman Morris y Jorge Enrique Botero de que se escudaban "en su condición de periodistas para ser permisivos cómplices del terrorismo". El 8 de octubre de 2014, ante la Fiscalía el senador Uribe ratifica las acusaciones contra Morris y Canal Capital como "medio servil del terrorismo". El 25 de septiembre de 2014 Morris radica ante la Corte Suprema de Justicia una demanda contra Álvaro Uribe por injuria y calumnia. El 29 de julio de 2016 Uribe, ante la Sala Penal de dicha Corte, rectifica sus acusaciones al periodista y los trabajadores del Canal Capital. Morris acepta el texto de rectificación y le regala a Uribe el libro "El factor humano" de John Carlin.

Antes de poder responder la pregunta sobre la sinceridad de este acto, se me viene a la memoria la expresión de un escritor francés que divide la humanidad entre idiotas y románticos. No puedo evitar relacionar a Uribe y Morris como modelos de esos perfiles humanos: los primeros viven ensimismados en un mundillo de temores y prejuicios que les impide ver al otro como su prójimo, los segundos en cambio consideran que los primeros tienen derecho a ser como son, incluso con la posibilidad de superar esa idiotez y por eso regalan libros. No hay en este término una connotación despectiva, no se si sea un hecho biológico o psicológico, entiendo que puede ser congénita o adquirida y no es exclusiva de una clase social pues no discrimina raza, género, credo o profesión; y así un idiota tranquilamente puede ser un colega o, con dolor en el alma, hasta un hermano. Pero si se quiere una división menos apasionada se puede decir, en el concepto político, que la humanidad se divide entre liberales y socialistas: Los primeros individualistas y los segundos colectivistas; unos abogan por la propiedad privada y los otros por el bien publico; para unos la prioridad es el mercado y fundan corporaciones financieras en tanto los otros se defienden en cooperativas de trabajo asociados. Para no agotar las definiciones baste mirar la vida y obra de los dos personajes que nos ocupan.

En cuanto a la sinceridad del acto debo precisar que antes que nada obedeció a una obligación judicial que a un gesto inmotivado de buena voluntad. Si por la sabiduría de un magistrado se propició el diálogo y la reconciliación, no debe pensarse que se hace la paz. No se puede ser tan ingenuo como aquella rana de la fábula, que ante la solicitud del escorpión para que le ayudase a cruzar el río prometiendo no hacerle ningún daño, accede subiéndole a sus espaldas, pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana quien pregunta incrédula: "¿cómo es que has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos", ante lo que el escorpión responde: "no he tenido elección, es mi naturaleza". Es así como después de un "diálogo" civilizado y un propósito de "reconciliación" no se puede creer que la naturaleza del liberal vaya a dejar de afanarse por su individualismo, su propiedad y su mercado y por eso el socialista no se puede confiar porque ese individualismo del liberal lo perjudica, esa propiedad lo empobrece y ese mercado lo idiotiza. Es por esto que si votamos para que se termine la guerra, el conflicto social no se acaba; si deseamos que los combatientes depongan las armas, no dejarán los idiotas de tender sus trampas y es aquí cuando hay que depurar mejor la forma de lucha civilizada. 

Después de esos tres párrafos puedo responder a qué viene esta declaración con relación a esta institución de formación profesional integral. Hay que reconocer que esos idiotas nos llevan una gran ventaja, pues tienen a su servicio una sofisticada estrategia de dominio hecha de sofismas, quimeras, tentaciones y sobornos. Mejor dicho ellos juegan al ajedrez del poder político y social (enrocándose en puestos de gobierno y jaqueando la oposición), mientras la mayoría de los románticos van, como piezas del parqués, buscando salir de la "Cárcel" para correr y salvar la vida, de "Seguro" en "Seguro". Para superar esta ignorancia del juego político presentamos al ajedrecista Morris, como modelo del romántico socialista que se ha preparado con inteligencia y sagacidad para enfrentar a los temible y astutos liberales. Y para resolver las preguntas de cómo los románticos común y corrientes podemos prepararnos en este tipo de lucha, cómo aprender los movimientos básicos del ajedrez socio político, será necesario otra sesión puesto que no pretendo abusar del tiempo y la atención del romántico lector.  

Finalmente me pedirán que diga si tengo algo más que agregar, corregir o enmendar en la presente diligencia, a lo que contesto que sobre este particular: No, pero sobre otros asuntos relacionados: Sí. Y puesto que tengo más motivos que merecen mi humilde y llana versión, la daré con la misma libertad y espontaneidad con que creo haber hecho ésta.